Los juegos y borradores de FuzzRI

‘’EL PLACER DE NEGAR LA EXISTENCIA’’

Encontramos un gran ensayo escrito por Sigmund Freud, en donde nos describe al personaje y a su taciturno amigo, Rilke (poeta de la época) caminando por una bellísima pradera en una tarde de primavera. Todas las flores estaban en paz y los árboles hondeaban entre el calor. El autor cita una conversación que tiene con su amigo mientras caminaban por dicha pradera. Y en un momento, Rilke parece estar a punto de llorar y Freud le pregunta ‘’¿Qué sucede? Es un hermoso día de primavera, el cielo está encima de nosotros’’ Y Rilke, de una manera conmovedora le replica ‘’Bueno, es que simplemente no puedo superar el hecho de que todo esto va a decaer, todo esto va a morir; todas éstas flores, todos éstos árboles, toda ésta vida, está a punto de desfallecer. Todo esto y más se disuelve entre la indiferencia y el olvido cuando piensas que la impermanencia es algo real…’’

Efímero, una palabra que duele pero que la tenemos corriendo por las venas. Tal vez, sea éste término nuestro mayor vacío frente a la felicidad, tal vez ese ‘’para siempre’’ del que tanto dudamos sea el que nos duela cada vez que entra en palabra. Tal vez es por esto que cuando estamos extremadamente felices o enamorados, estamos por dentro a la vez, algo así como tristes, obtenemos una tristeza del éxtasis. Cosas bellísimas a veces nos pueden tornar algo tristes, como vemos con Rilke,  y es porque, lo que ocultan es la visión de su trascendencia, una tragedia que se rodea de temporalidad, en donde sabemos que ‘’nada existe, a menos de que sea eterno.’’

Por eso, podríamos considerar los término ‘’amor’’ o ‘’placer’’, con uno tercero: melancolía. Melancolía por algo que aún no hemos perdido, nostalgia por ese encuentro con el tiempo que nos va quitando momentos y personas, que desde ahora, sabemos que están acá, para decaer.

Memorias y cenizas son entonces a lo que se reduce el placer. ¿Y cómo respondemos nosotros los humanos a esto?

¿Acaso amamos más? ¿O abrazamos más fuerte? ¿O cerramos nuestro corazón a nuevas experiencias y al placer? ¿O cumplimos la filosofía del budismo de no atarnos a nada?

O… ¿Negamos la existencia?

Con éste ‘’negar la existencia’’ me refiero, a vivir más como seres poco racionales, como son de hecho, la mayoría de los seres humanos. Sin pensar demasiado, sin racionar demasiado, y meramente cumpliendo con órdenes y estamentos ya establecidos. Podemos guiarnos, por varios escritos y biografías, como los más pensantes, son también los más sufridos, mientras que en las calles vemos gente que no comenta acerca de su existencia, y sin embargo tienen una vida a los ojos del siglo, plenos y completos.

¿Es ésta la mejor solución? Entregarnos al poco razonamiento  e ignorar todo pensamiento existencialista posible? Así tal vez podamos encontrar en ésta ignorancia, tiempo para pensar en cosas más modernas y productivas.

Eso es negar la existencia, es vivir al momento, sin rodeos y palabras académicas, un hedonismo contemporáneo, fractalización del ser, desconcentración de la conciencia, una entrega a la vida sin existencia.

¿O acaso preferimos una vida con pensamientos profundos y crudos ante nuestra cruel actualidad? ¿Es acaso posible pretender que no nos importa que todo lo que conocemos y amamos va a decaer y va a ser quitado de nuestros brazos?

¿Nos conformamos acaso con un ‘’buenas noches’’ antes de dormir sin la seguridad de un mañana?

¿Somos capaces de ir en silencio en nuestra mente o preferimos enfrentarnos al ocaso de la temporalidad?

¿O queremos buscar maneras alternas de subsistir en el tiempo? Buscar maneras de contradecir la entropía y definir el tiempo. Llenar un vacío y sostenernos más duro a la tierra y a nuestros amados y gritar ‘’NO QUIERO DEJAR IR, NO QUIERO ACEPTAR LA TEMPORALIDAD DE ÉSTE MOMENTO’’ y extenderlo… para siempre… O por lo menos lo voy a intentar. 

—— http://www.youtube.com/watch?v=Yb-OYmHVchQ ——

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No son juegos, es entropía

Estamos condenados a vivir cierta e incómoda tristeza al estar extremadamente felices. El ciclo de la entropía nos maldice cada día con la pérdida de momentos bellos e inolvidables, nos maldice con aquello que sabemos, nada dura para siempre.
Todo lo que conocemos, todo lo que amamos, está hecho para decaer.
Todo algún día, va a terminar. 
Tal vez la belleza de la vida, está en no querer terminar.
Por algo, en el amor siempre existe algo de nostalgia, porque damos por perdido algo que aún permanece con nosotros, pero que de algún manera, va a ceder.

Una preciosa lágrima de tristeza para el éxtasis que vivimos en cada momento de alegría. 
¿Y si no quiero aceptar las corrientes efímeras de mi vida?
….
No quedo tranquila con un buenas noches antes de dormir.

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Llueve, llueve sobre mí, cae sobre la piel amargas gotas del cielo.

Como lágrimas que caen trás mis párpados, me caigo en el suelo a esperar mi muerte. 
Oh hermoso destino, he acá estoy, enfrentado mi futuro con mis propias manos.

No pude esperar a que tu sólo tomaras la decisión, tal vez te estabas demorando mucho, o tal vez nunca aprendí a esperar. 
Llueve, llueve sobre mí, ya no siento mis dedos llorar, porque dejo suavemente mi cuerpo hasta perderme en el tiempo.

¿Quién me creo yo para elegir el día de mi defunción?
Pues, acá me tienes desesperada, amenazándote por detrás, por donde menos esperabas.

Una tina llena de sangre, lágrimas corporales que lentamente me asesinan, y me llevan consigo.
Lentamente, corren mis signos vitales y se van por el drenaje del baño, sin dejar rastro, sin dejar daño. Sólo mi cadáver exquisito, lleno de partículas de decepción y desesperación. 

…Silencio, tanto silencio…
Tan rico éste silencio… Ya no alcanzo a escuchar nada.

Ya no me duele la garganta, y tampoco el pecho, he perdido todo mi brazo izquierdo. 
Ya no existe la ansiedad ni la angustia, porque ya no hay futuro. Por ahora sólo hay sangre y lágrimas, que caen del cielo, limpiando mi dolor. 

No pierdo la vista, aún puedo ver dentro de mí. 
Veo a mi corazón dudando por vivir, y a mis pulmones desfallecer. Veo mi cerebro feliz, dejando su físico, y flotando por el lugar. 

Todo va decayendo, como gotas de cristal, y percibo un olor amargo, es el olor de la soledad.
No tengo nada en que pensar, no tengo nada que ignorar. 

Llueve, llueve sobre mí, cae sobre la piel amargas gotas del cielo.
Me desprendo para siempre te éste precioso lugar, no digno de mi existencia, no digno de mi futuro, no digno de sobrevivir.

Seca como roble, doy muy último respiro. El techo se hace cada vez más cerca, ésta vez no voy a subir al quinto piso.

Un risco pequeño, que ésta vez logré saltar, un risco hondo y tremendo… Que hoy, logré superar.

Linda estadía. 

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Ya no tengo nadie a quien soñar, ya no tengo nadie a quien pensar
En los sueños, veo la muerte porque mi condena es la soledad
y en la soledad, me encuentro a los gritos de mi infancia.

Desesperados, se enhebran entre las cuerdas de una guitarra
esperando a ser escuchados, porque son ellos los que me castigan a una triste ausencia.

El mundo es tan grande y amplio, pero prefiero vivir dentro de mi cabeza, 
buscando aquel hilo rojo que tal vez, no tenga final. 
Lo he cortado con mis dientes, huyendo de mi propio destino. 
Lo he cortado con mis uñas, lo até atrevidamente a un muro de terror, como si fuera un error, como si fuera mi dolor.

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Pregaria a mis demonios

Y ahora que su alma flota por nuestras pieles
Demonios, cuiden de su débil estpíritu.

Ahora, ella es un ángel y con besos me despide en la noche
mientras la imagino dormida al lado mío
siendo yo, su respiración. 

Siento sus lágrimas resbalarse por mi entre pierna
Demonios, cuiden de su débil estpíritu.

Ahora, su cuerpo le pertenece a la tierra
pero sus palabras rozan los bordes de mi imaginación
hasta incluso, convertirse en algo real.

Soy ella, cada día, quisiera meterme en sus velas
Demonios, cuiden de su débil estpíritu.

Santa de mis cuevas, entre la oscuridad abrazo tu cadaver
hasta sentirlo caliente, la piel entre mis dedos
humedece mi alma

Y ahora, que la veo frente a mi, llamándome a acompañarla
Demonios, cuiden de mi débil espíritu.

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Arenas movedizas, cada vez más abajo.

Vengan, santos de lo prohibidio.
Vengan, desesperanzas del infierno.
Que hoy también quiero morir.

Suban, ángeles de lo desconocido
protegerme de mi propio dolor
protegerme de mi propia amenza

Vengan, con sus alas negras y sus besos oscuros
Suban con miseria a celebrar un rato
que después yo me amaño y me llevan de la mano.

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Un discurso incoherente.

Nació una niña.
De ojos verdes, y piel blanca, casi gris, de manos delicadas y poco peso.
Aquella niña, no gritó al nacer, aquella niña sólo miró con asombro a su alrededor, y sorprendida por tanto blanco, se echó a respirar.

Nació una niña, hermosa pálida de boca curiosa. Niña hija de una borrachera de un pintor sin dinero y una camarera de un bar. 
Niña sin hogar, sólo una madre a su cuidar. Niña limpia y de poco futuro, ni una lágrima echó en su primer año de paz.

Su madre la limpiaba, su madre le alimentaba, la niña ningún problema tenía al suspirar. Maldita sea.

Malditos dedos, que no quieren copiar, aquellas ideas bellas que yo ni siquiera puedo suspirar.

 Maldita la niña, que no se sabe expresar, y con sus ideas deprimidas, atención quiere lograr.
 Upegui Seuss, la futura del museo, tanta imaginación y creatividad, algún día tenía que estallar.

Tanta paja que habla, seguro se morirá y de un paro cardíaco, toda su mierda se va a tragar.

 presiona, esperando a que alguna persona que Euforias y disforias, que su mente le proporciona, entre llantos y risas su dedos no pueden dejar de copiar. ”¡Haha!” dicen los allegados, a sus pocas neuronas no quieren escuchar.

El mundo ya quiere, apagarle la llama, para que su boca se quede bastante callada.

Que viva. Nadie. Yo. Chao.
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i’m full of nasty and smelly shit, brown veins go around my neck, my nerves can’t stand all of the dump i have inside. i may explote soon. don’t look.
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(Source: fidlar)

EL TIPO (Capítulo 1: El vómito)

El tipo llegó después de su rutina, cansado de trabajar dejó todo su atuendo encima regado por toda la casa y se sentó en el sofá.

Hoy se sentía diferente, hoy le costaba respirar y su pulso estaba más alto de lo que pensaba. Sudaba como un cerdo, al levantarse, se miró al espejo y vio un engendro caliente y asqueroso, cada vez se tornaba más amarillento. 

Se comenzó a sentir mareado. 

… El tipo nunca fue normal, parecía solo un tipo pero no era normal. Guardaba dentro de su corazón odio y apuro por hacer algo por sí mismo. Guardaba en su interior también, unas amplias ganas de morir. No se decidía entre la vida y la muerte, así que sólo se dedicaba a existir. En el ”Ahí”…

El tipo cayó sobre su cama, y comenzó a recorrer toda su vida como una película. ”Guacala” decía. ”¡Qué asco!” gritaba.

De repente, le cogió una de esas jaquecas insoportables, le dolía la cabeza como nunca, como si le enterraran miles de espadas por los pelos, le temblaban las manos, se estaba transformando.

Le dolía tanto su maldita corona, que se empezó a arrancar los pelos, gemían sin entender que decía. Se reía a la vez y lloraba, sabía que algo bueno le venía sucediendo. Comenzó a decir palabras extrañas, como una cinta al revéz. Era el discurso de su vida saliendo por las cuerdas vocales llenas de babas.

Sus oidos comenzaron a supurar sangre, llena de ideas de suicidio. Vomitó y vomitó también sus últimos alientos de esperanza. Sus ojos estaban en blanco ¡El mal parido parecía un mounstruo! De rodillas sacaba la lenguas, y la movía eufóricamente, no decía palabras concretas, sólo cosas extrañas y sin sentido.

De repente, quedó inmovil. Con vómito en el pecho, sangre por todo el cuerpo, y con mucho dolor.. Comenzó a sentir el placer. El tipo, sintió un viento pasar por su ahora, calva cabeza… Las neuronas que tenía comenzaron a flotar por toda la casa, algo así como un líquido verdoso rondando por todos lados. Saltaban y el las miraba con admiración. Las amaba pero no las quería de vuelta. 

Poco a poco cada neurona se fue fumigando entre los pasillos hasta que desaparecieron por completo…

Y ahí estaba el tipo, sucio y moribundo. Sus ojos se entre-abrían lentamente, mirando a su al rededor, ya no quedaba nada de él, sólo su cuerpo asqueroso.

Ya no le dolía nada, ni siquiera su existencia. Ya estaba bien, ya sentía placer. Se sentía simplemente feliz. Porque el tipo, había perdido el cerebro. 

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